jueves, 6 de octubre de 2011

El dilema de la educación en América Latina

Polan Lacki y Juan Manuel Zepeda del Valle
¿Si es tan imprescindible y urgente mejorar nuestra educación, porque no lo hacemos?

Entre otros, por los siguientes obstáculos, aparentemente inofensivos, pero que tienen una altísima incidencia en la baja calidad de nuestra educación. Varios de ellos podrían ser evitados y/o eliminados por los propios profesores y directores de las unidades escolares:

Primer obstáculo. Las actitudes de los líderes sindicales de los profesores que suelen confundir las autoridades, los medios de comunicación y la opinión pública, al presentar ruidosas reivindicaciones de sus intereses corporativos (decisiones políticas más generosas en términos de salarios, calendario escolar, jornadas de trabajo, estabilidad en el empleo, jubilaciones precoces, tolerancia con el elevado ausentismo de los docentes, etc.). Presentan tales reivindicaciones de interés corporativo, como si fuesen requisitos imprescindibles para que los profesores corrijan sus ineficiencias y mejoren su desempeño docente. Con tal procedimiento, durante décadas y más décadas, los sindicalistas se han mantenido en una muy cómoda postura de “condicionar” el mejoramiento del desempeño docente a que los gobiernos satisfagan sus reivindicaciones recién mencionadas. Los líderes sindicales subestiman y deprecian a sus representados al no reconocer que en muchos casos, los propios profesores y directores de las escuelas podrían corregir sus principales y más frecuentes debilidades e ineficiencias; inclusive practicando el auto-estudio a través de las extraordinarias facilidades y oportunidades actualmente proporcionadas por la Internet, ya disponibles en una creciente cantidad de escuelas. Porque las medidas correctivas más urgentes para mejorar la pésima calidad de nuestra educación, no necesariamente requieren de altas decisiones gubernamentales ni de una elevada asignación de recursos adicionales a los que ya están disponibles en muchas instituciones educativas; aunque tales apoyos externos sean siempre deseados y bienvenidos.
La educación necesita de profesores excelentes y no tanto de sindicalistas elocuentes

Al ser demandados a mejorar la calidad de la educción los líderes sindicales argumentan que no pueden hacerlo por las siguientes razones: que la inversión pública en educación es insuficiente (como porcentaje del PIB), que los sueldos son muy bajos con la consecuente necesidad de tener que trabajar en varios turnos y en varias escuelas distantes unas de las otras, que faltan laboratorios, bibliotecas y computadoras, que existe exceso de alumnos en cada sala de aula, que ellos no tienen oportunidades de hacer cursos de posgrado en el exterior y que los alumnos llegan a las escuelas muy mal educados por sus padres. En relación a esta última justificativa, es necesario no olvidar que los alumnos llegan a sus escuelas mal educados, principalmente porque a sus padres la escuela que frecuentaron tampoco les enseñó a ser bien educados. Evidentemente que está fuera de discusión que algunas de estas dificultades/adversidades mencionadas por los sindicalistas existen y necesitan ser corregidas y/o eliminadas por los gobiernos. Sin embargo, ellas están muy lejos de ser las principales causantes de la disfuncionalidad, descontextualización y bajísima calidad de nuestra educación.

Si estas reivindicaciones de los sindicatos fuesen las verdaderas causas, cabrían las siguientes preguntas:

a) ¿Por qué en aquellas muchas escuelas en las cuales esas adversidades/restricciones ya fueran eliminadas o atenuadas, la educación sigue siendo de baja calidad?
b) ¿Por qué en los varios países latino-americanos en los cuales los gobiernos hicieron y siguen haciendo elevadas y crecientes inversiones en el sistema de educación e incrementaron los sueldos de los profesores (Brasil, México, Chile, Colombia, etc.), no hubo mejorías cualitativas en el desempeño de los docentes ni en el aprendizaje de los alumnos?

Reiterados estudios realizados por instituciones serias, nacionales e internacionales (A propósito se sugiere leer el Informe McKinsey - “Cómo hicieron los sistemas educativos con mejor desempeño del mundo para alcanzar sus objetivos”: http://www.eduteka.org/pdfdir/McKENSEY_InformeReformaEducativa.pdf), han demostrado que esas supuestas causas indicadas por los líderes sindicales no tienen mayor incidencia en la calidad de la educación; y por esta razón las disculpas de los sindicalistas no resisten a una argumentación seria. Varios estudios también han demostrado que existen otras causas, mucho más importantes que las esgrimidas por los sindicalistas, cuya eliminación produciría un extraordinario impacto en el mejoramiento de la calidad de la educación. Entre estas otras causas, casi todas ellas pasan por la necesidad de mejorar dramáticamente la formación, capacitación, supervisión/evaluación y la motivación de los docentes y por la necesidad de seleccionar y nombrar competentes y exigentes directores en las escuelas. Cumplidos estos dos requisitos muchas de las causas reales de la baja calidad educativa podrían ser evitadas, corregidas o eliminadas por los propios profesores y directores de las escuelas; independientemente de lo que hagan o dejen de hacer las altas autoridades educativas nacionales.

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